martes, 25 de septiembre de 2007

Espejos

Facebook es probablemente la semilla de la fuente de información más poderosa que haya existido. Si proyectamos unos años en el futuro toda la información que los usuarios mismos incluyen en sus perfiles (esto es: desde qué películas/música/ le gustan, pasatiempos y hábitos hasta algo llamado social timeline: una guía construida a través del tiempo que señalaría la duración de las relaciones afectivas y de amistad; pasando desde luego por las circunstancias y lugares en los que conoció a los de su red, los eventos a los que asiste, los grupos a los que se une, los nuevos amigos que hace, los apodos, los saludos que escribe, los regalos virtuales que da y recibe o lo que está haciendo en este preciso momento, entre otras informaciones no menos importantes) tendremos entre manos un documento histórico tan valioso como inconmesurable.

Si el sistema tal y como lo vislumbro funcionara en estos momentos podríamos acceder a los social timelines de nuestros padres, abuelos, y tatarabuelos elevados a la décima potencia; saber quiénes eran sus amigos y cómo se conocieron, qué hacían para vivir y cómo se relacionaban con el mundo. Por ejemplo, Eduardo es un As para bailar pero todos en su familia son unos troncos. Luego, Eduardo ingresa al sistema y comienza a revisar a los de su línea hasta que descubre que en el siglo XIX una mujer pariente suya se hizo bailarina debido a la influencia que ejerció sobre ella una amiga que llegó de otra ciudad, entendiendo y conociendo al mismo tiempo la razón por la cual él es igualmente falto de carácter. El acceso a las raíces, ramas y frutos del árbol genealógico de la humanidad le otorgaría al usuario la capacidad de reconocerse en otras personas que existieron antes que él -y que están dentro de él; detrás nuestro hay una interminable fila de personas que se perpetua hasta el principio de la humanidad misma (tan sólo alcanzamos a ver a nuestros padres y abuelos por lo general)- asi como saber el por qué (tan sólo el por qué, jamás el para qué) de muchas cosas de su existencia. De paso, Eduardo aprovecha para dejarle a su pariente una rosa en su tumba virtual.

Todo lo que sirva para verse claramente al espejo es fundamental y decisivo en la historia de los hombres.

martes, 18 de septiembre de 2007

Desconocidos

Ring, ring.

- ¿Aló?

- Hola. Hablas con la hermana de.

La llamada se interrumpió.

Ring, ring.

- ¿La hermana de quién?

- ¿Qué?

- Ah, eres tú.

- Evidentemente. ¿Quién creias que era?

- No sé. Alguien llamó y dijo "Soy la hermana de."

- ¿De quién?

- Ahí se cortó la llamada.

- Ah.

- ¿Tienes hermanas?

- No que yo sepa. Hasta ahora soy hijo único.

- Tienes treinta años.

- Es una lástima.

- ¿Piensas hacer algo al respecto?

- Algo cómo qué

- No sé. Tener un hijo ya que no puedes tener un hermano.

- ¿Un hijo? Mucha responsabilidad.

- Y abnegación.

- No puedo dejar de ser yo mismo.

- Nunca lo has hecho.

- Por eso. Aunque en realidad me gustaría tener una hija.

- No creo. Eres muy celoso. Se iría de la casa.

- ¿Con quién?

- Con alguien como tú.

- ...

- ¿Qué nombre le pondrías?

- No sé. En Puerto Rico hacen una cosa que creo yo es para evitarse todo ese proceso de escoger un nombre. Verás, toman la primera -o la última sílaba, no me acuerdo- de algunos nombres de parientes y luego los juntan para hacer un nuevo nombre.

- ¿Estás de acuerdo con eso?

- No. ¿Pero qué tal que nuestros nombres fueran el resultado de la unión de los restos de otros?

- No puede ser. Espérate que alguien está llamando. Aló.

- Hola. Hablas con Rosa.

La llamada se cortó.

- La llamada se cortó.

- ¿Otra vez? ¿Por qué no se corta ésta?

- Podría suceder en cualquier momento.

- ¿Bueno y quién era?

- Rosa. No la conoces.

- Así es como quiero ponerle a mi hija.

La llamada se cortó.

jueves, 13 de septiembre de 2007

¿Para qué?

"¿Para qué?"

Esa es la pregunta que antecede a la verdad fundamental.

No importan los "¿cómo?" ni los "¿por qué?" pues la inocencia tiene mil máscaras, tantas como rostros tienen los hombres.



Pero, ¿para qué el "¿para qué?"?

miércoles, 1 de agosto de 2007

Lo que nos une

Colombia es un país muy diverso. Tan diverso, que ni siquiera me parece un país. Es mas bien el resultado de una bola de nieve histórica que va juntando como puede las partes que la componen; el mapa que Pollock habria pintado sin problemas. Hace algún tiempo una publicación de renombre emprendió la búsqueda de un símbolo con el que todos los habitantes de éste país pudieramos identificarnos. Se propuso que el símbolo fuera el café, se propuso que el símbolo fueran las flores, se propuso que el símbolo fuera el sombrero vueltiao, se propuso, mejor dicho, un sinfin de barbaridades -el aguardiente, el tamal, las reinas de belleza- que mas bien me avergüenzan y se pasan de frívolas.

Pero existe un hombre que nos ha hecho caer en cuenta de qué es lo que de verdad nos une, lo que de verdad nos hace hermanos, lo que en realidad nos hace colombianos. Un hombre de fe profunda que decidió emprender una caminata de mil kilómetros desde su casa hasta la casa del Presidente de la República para pedir por la liberación de su hijo secuestrado hace ya nueve años. Un hombre que en la la travesía ha destrozado mil veces sus pies; un profesor de escuela que en la marcha nos dicta la que es, seguramente, la clase más importante de su vida, enseñándonos que lo que de verdad nos une es el dolor causado por la vergonzosa violencia de éste país.

viernes, 13 de julio de 2007

Fe

Paula responde un cuestionario de selección múltiple. Mientras rellena el círculo de la opción de su preferencia (C. República Independiente de Zocueca) suelta el lápiz de manera involuntaria. "Me están pensando con L", se dice a sí misma moviendo apenas los labios y dirigiendo la mirada hacia alguien invisible. Entretanto, Fernanda encuentra una libreta vieja. Al hojearla nota que está vacía. Toma un lápiz y en la primera hoja traza una v. En la siguiente hoja traza la misma v pero con las piernas mas abiertas. En la siguiente se las abre aún más y en la cuarta las cierra un poco, en la quinta un poco más, en la sexta otro poquito y en la séptima vuelve a abrirlas y así hasta la última hoja de la libreta donde vuela toda una bandada de uves. Más tarde, Paula llega a casa y encuentra una libreta vieja sobre el comedor. Al hojearla alcanza a observar una bandada de pájaros desplazándose por el borde de las hojas. Lleva la libreta a su cuarto y observa una y otra vez el vuelo de las uves mientras en la tele dicen que los romanos interpretaban el futuro observando el vuelo de las aves. Quiso leer el futuro en la libreta y al hacerlo la soltó accidentalmente. "Me están pensando con L", se dice a sí misma moviendo apenas los labios y dirigiendo la mirada hacia alguien invisible. Mientras tanto yo, en mi casa, escribo todo esto para un lector imaginario.


Todo lo que hay que hacer para darle sentido a las cosas.