La realidad es un sueño; la verdad: un despertar.
Nubes grises como poderosas explosiones detenidas en el tiempo cubrían el cielo de París. Abajo, en la tierra, un niño y su padre caminaban por la casi desierta Rue de Kléber en dirección a Trocadéro, buscando algo de comer. El niño, que nunca había visto tantas hojas muertas en las calles de ningún lugar del mundo, que nunca había visto la luz de la ciudad luz, iba recogiéndolas imaginando que eran robots a los que había que combatir; el padre llevaba, además de sus propias hojas, su equipaje, y a ratos tenía que llamar al chico con un grito para que avanzaran antes de que el océano en el cielo bajase a bañarlos con la paciencia del agua dulce. Estaban despidiéndose (pero no sabían de qué).
Encontraron un lugar donde comer y decidieron sentarse en la terraza, aprovechando la extrañamente agradable temperatura del primero de noviembre. Pidieron un menú para compartir, postres y agua. Sin embargo, el agua del cielo llegó antes que el agua que habian ordenado, lo que les obligó a ingresar al interior del resto. Allí, frente a frente, comiendo a velocidades distintas, viviendo a velocidades distintas, cada bocado y cada movimiento, cada respiración y cada parpadeo, cada palabra y cada risa, cada trozo de piel, cada lunar; el tamaño de los dedos y de los dientes, la gravedad de la voz y la duración de las carcajadas, la textura del pan y el sabor de las tartalettes au citron junto con el día el mes el año y la hora pasaban al carrete de la memoria como pasa la vida por la ventana de los trenes sin saber que ese tren en el que iban, cuando hubo recorrido y recuperado todos y cada uno de los detalles que construían esa realidad, arribó a una estación que papá ya había visto antes:
- ¡Ve! ¡Yo soñé esto!
Pronunciar esa frase fue como apuntarse un arma en la sien.
- Soñé esto, y en mi sueño, también te decía que había soñado esto.
(Si la materia es lo que percibimos con los sentidos, ¿de qué están
hechas las cosas que percibimos en los sueños? La capacidad de percibir
cosas durante los sueños nos conduce a pensar que la idea de la
percepción es más persistente que la percepción como tal; por lo tanto,
el componente definitorio de la percepción, es la memoria. Así, los
sueños están hechos de recuerdos, y son recuerdos, o mejor dicho,
ensambles de recuerdos, las cosas que en ellos percibimos. Pero, ¿cómo era posible recordar, cómo era posible ensamblar, o más precisamente, reconstruir una escena que aún no había sucedido?)
- Au revoir muchacho.
- Chao papi.
Bang.
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viernes, 16 de noviembre de 2018
martes, 6 de febrero de 2018
Kamikazee
El acto se planeó al detalle. El calibre de los explosivos prometía un alcance devastador. En el lugar había cines, discotecas, parques, restaurantes, moteles, playas. Y en cada locación, alguien de especial importancia. Inocentes, siguieron bailando, caminando, comiendo, amando, viviendo.
Ese lugar es mi cabeza.
Una vez adentro, explotaste, matando a todas las que estuvieron antes de tí.
Ese lugar es mi cabeza.
Una vez adentro, explotaste, matando a todas las que estuvieron antes de tí.
martes, 18 de septiembre de 2007
Desconocidos
Ring, ring.
- ¿Aló?
- Hola. Hablas con la hermana de.
La llamada se interrumpió.
Ring, ring.
- ¿La hermana de quién?
- ¿Qué?
- Ah, eres tú.
- Evidentemente. ¿Quién creias que era?
- No sé. Alguien llamó y dijo "Soy la hermana de."
- ¿De quién?
- Ahí se cortó la llamada.
- Ah.
- ¿Tienes hermanas?
- No que yo sepa. Hasta ahora soy hijo único.
- Tienes treinta años.
- Es una lástima.
- ¿Piensas hacer algo al respecto?
- Algo cómo qué
- No sé. Tener un hijo ya que no puedes tener un hermano.
- ¿Un hijo? Mucha responsabilidad.
- Y abnegación.
- No puedo dejar de ser yo mismo.
- Nunca lo has hecho.
- Por eso. Aunque en realidad me gustaría tener una hija.
- No creo. Eres muy celoso. Se iría de la casa.
- ¿Con quién?
- Con alguien como tú.
- ...
- ¿Qué nombre le pondrías?
- No sé. En Puerto Rico hacen una cosa que creo yo es para evitarse todo ese proceso de escoger un nombre. Verás, toman la primera -o la última sílaba, no me acuerdo- de algunos nombres de parientes y luego los juntan para hacer un nuevo nombre.
- ¿Estás de acuerdo con eso?
- No. ¿Pero qué tal que nuestros nombres fueran el resultado de la unión de los restos de otros?
- No puede ser. Espérate que alguien está llamando. Aló.
- Hola. Hablas con Rosa.
La llamada se cortó.
- La llamada se cortó.
- ¿Otra vez? ¿Por qué no se corta ésta?
- Podría suceder en cualquier momento.
- ¿Bueno y quién era?
- Rosa. No la conoces.
- Así es como quiero ponerle a mi hija.
La llamada se cortó.
- ¿Aló?
- Hola. Hablas con la hermana de.
La llamada se interrumpió.
Ring, ring.
- ¿La hermana de quién?
- ¿Qué?
- Ah, eres tú.
- Evidentemente. ¿Quién creias que era?
- No sé. Alguien llamó y dijo "Soy la hermana de."
- ¿De quién?
- Ahí se cortó la llamada.
- Ah.
- ¿Tienes hermanas?
- No que yo sepa. Hasta ahora soy hijo único.
- Tienes treinta años.
- Es una lástima.
- ¿Piensas hacer algo al respecto?
- Algo cómo qué
- No sé. Tener un hijo ya que no puedes tener un hermano.
- ¿Un hijo? Mucha responsabilidad.
- Y abnegación.
- No puedo dejar de ser yo mismo.
- Nunca lo has hecho.
- Por eso. Aunque en realidad me gustaría tener una hija.
- No creo. Eres muy celoso. Se iría de la casa.
- ¿Con quién?
- Con alguien como tú.
- ...
- ¿Qué nombre le pondrías?
- No sé. En Puerto Rico hacen una cosa que creo yo es para evitarse todo ese proceso de escoger un nombre. Verás, toman la primera -o la última sílaba, no me acuerdo- de algunos nombres de parientes y luego los juntan para hacer un nuevo nombre.
- ¿Estás de acuerdo con eso?
- No. ¿Pero qué tal que nuestros nombres fueran el resultado de la unión de los restos de otros?
- No puede ser. Espérate que alguien está llamando. Aló.
- Hola. Hablas con Rosa.
La llamada se cortó.
- La llamada se cortó.
- ¿Otra vez? ¿Por qué no se corta ésta?
- Podría suceder en cualquier momento.
- ¿Bueno y quién era?
- Rosa. No la conoces.
- Así es como quiero ponerle a mi hija.
La llamada se cortó.
viernes, 13 de julio de 2007
Fe
Paula responde un cuestionario de selección múltiple. Mientras rellena el círculo de la opción de su preferencia (C. República Independiente de Zocueca) suelta el lápiz de manera involuntaria. "Me están pensando con L", se dice a sí misma moviendo apenas los labios y dirigiendo la mirada hacia alguien invisible. Entretanto, Fernanda encuentra una libreta vieja. Al hojearla nota que está vacía. Toma un lápiz y en la primera hoja traza una v. En la siguiente hoja traza la misma v pero con las piernas mas abiertas. En la siguiente se las abre aún más y en la cuarta las cierra un poco, en la quinta un poco más, en la sexta otro poquito y en la séptima vuelve a abrirlas y así hasta la última hoja de la libreta donde vuela toda una bandada de uves. Más tarde, Paula llega a casa y encuentra una libreta vieja sobre el comedor. Al hojearla alcanza a observar una bandada de pájaros desplazándose por el borde de las hojas. Lleva la libreta a su cuarto y observa una y otra vez el vuelo de las uves mientras en la tele dicen que los romanos interpretaban el futuro observando el vuelo de las aves. Quiso leer el futuro en la libreta y al hacerlo la soltó accidentalmente. "Me están pensando con L", se dice a sí misma moviendo apenas los labios y dirigiendo la mirada hacia alguien invisible. Mientras tanto yo, en mi casa, escribo todo esto para un lector imaginario.
Todo lo que hay que hacer para darle sentido a las cosas.
Todo lo que hay que hacer para darle sentido a las cosas.
lunes, 25 de junio de 2007
2 x 4
¿Te acuerdas cuando íbamos a clases de Tango? Te recogía en la estación y caminábamos a toda velocidad hacia la universidad repasando en la marcha y en algunos semáforos los pasos aprendidos en la clase anterior: uno, dos, tres, cambio de rojo a amarillo, uno dos tres luz verde, unodostres y la clase ya había empezado y ya iban por el cuatrocincoseis y variantes incomprensibles como seiscuatrodos, doscuatroseis y a lo mejor un cuatrocuatrodos, que era cuando mejor recorría el campo y burlaba tus defensas para besar tu cabellera extensa y clara; nuevetresdos y te girabas, dosdosdos y caminábas dándome la espalda y no podía sino rendirme al sube y baja desafiante de tus nalgas también claras mientras al fondo la canción decía ay milonga mi amor, ay limonga mi amor, ay migonla mi amor, siga bien pueda siéntese, para hoy hay milonga mi amor, mi amor, mi amor, mi amor, mi a-mor, dos sílabas y cuatro letras: dos dados que al ser lanzados pueden ser cualquier cosa: ro-ma, mo-ra, ra-mo, sílabas y letras que se intercambian como swingers que buscan desesperadamente ese destello rotundo que les hace abrir las piernas y cerrar los ojos...
Ojalá no hubieras extendido tanto el dosdosdos.
Ojalá no hubieras extendido tanto el dosdosdos.
martes, 6 de febrero de 2007
Pitágoras
Tomaron el recipiente al mismo tiempo, empinaron el codo y bebieron. Mientras se miraban a los ojos el líquido bajó como un cuerpo salado por sus gargantas. Posaron de nuevo la copa en la mesa. Hacian todo en coro; parecía que se estaban viendo al espejo, a uno de esos que exagera los rasgos.
- Y, ¿qué tal tu vida sexual?
- Pues...creo que podría ser mejor.
- ¿Si?
- Sí. A lo mejor ella piensa lo mismo.
- Claro. Lo mejor es tener buena comunicación y, sobre todo, experimentar. ¿O cómo crees que se inventaron la dinamita?
- No sé. Un reactivo aquí, un reactivo acá: la química del amor.
- Batman y Robin se aburrieron y conocieron a Gatubela, al Guasón, al Pingüino. Es un problema que data desde Adán y Eva.
- ¿Te refieres a hacerlo con más personas?
- Con pingüinos no sé cómo será.
- Yo todavía creo que dos son compañía...
- El dos es la monotonía...
- ...y que tres son multitud.
- ...tres son gratitud.
Recordó que para los griegos el tres representaba la perfección. Recordó a su abuela hablándole de La Santísima Trinidad. Recordó al triángulo isóceles y al triángulo equilátero. Se imaginó haciendo las veces de la hipotenusa que junta dos direcciones irreconciliables.
- Mirá, salen un día a un bar y se juntan con algún desconocido, porque lo mejor es que sean desconocidos, se toman unos tragos y a lo que vinimos; el azar suele ser bueno con quienes lo retan.
- En un trío todos son desconocidos: líneas paralelas que se miran de soslayo.
- Es, en últimas, un problema algebraico. Juntas una incógnita X con otra incógnita X y le agregas una X más. ¿Qué tienes?
- XXX. Trinomio cuadrado perfecto, creo.
- Exxxacto. La ecuación del placer. Y es, además, un delicioso intercambio de conocimientos: todos hacen y dan lo mejor de sí, el mejor ejemplo de la mayéutica socrática. ¿Ves a esa morena de falda que acaba de entrar al baño? Es nuestra oportunidad.
- No alcanzo a ver...
- Seguime. Vas a ver como se entusiasma.
- ¿Cómo sabes eso?
- Si le hubieras visto la cara habrías notado lo aburrida que está con su vida.
Dejó que se adelantara y miró con estupefacción lo que sucedió: tomó a la morena por la mano derecha, le apartó el pelo del rostro y la besó suavemente. Al rato, sus manos descendieron como un ave de presa hacia sus nalgas. Sus dedos, entre pierna y pierna, reptaban con la gracia de una segunda lengua. La morena, en respuesta, le acarició los senos y mientras lo hacía se dirigió a la otra mujer:
- Si amor, a lo mejor sí pienso lo mismo.
- Y, ¿qué tal tu vida sexual?
- Pues...creo que podría ser mejor.
- ¿Si?
- Sí. A lo mejor ella piensa lo mismo.
- Claro. Lo mejor es tener buena comunicación y, sobre todo, experimentar. ¿O cómo crees que se inventaron la dinamita?
- No sé. Un reactivo aquí, un reactivo acá: la química del amor.
- Batman y Robin se aburrieron y conocieron a Gatubela, al Guasón, al Pingüino. Es un problema que data desde Adán y Eva.
- ¿Te refieres a hacerlo con más personas?
- Con pingüinos no sé cómo será.
- Yo todavía creo que dos son compañía...
- El dos es la monotonía...
- ...y que tres son multitud.
- ...tres son gratitud.
Recordó que para los griegos el tres representaba la perfección. Recordó a su abuela hablándole de La Santísima Trinidad. Recordó al triángulo isóceles y al triángulo equilátero. Se imaginó haciendo las veces de la hipotenusa que junta dos direcciones irreconciliables.
- Mirá, salen un día a un bar y se juntan con algún desconocido, porque lo mejor es que sean desconocidos, se toman unos tragos y a lo que vinimos; el azar suele ser bueno con quienes lo retan.
- En un trío todos son desconocidos: líneas paralelas que se miran de soslayo.
- Es, en últimas, un problema algebraico. Juntas una incógnita X con otra incógnita X y le agregas una X más. ¿Qué tienes?
- XXX. Trinomio cuadrado perfecto, creo.
- Exxxacto. La ecuación del placer. Y es, además, un delicioso intercambio de conocimientos: todos hacen y dan lo mejor de sí, el mejor ejemplo de la mayéutica socrática. ¿Ves a esa morena de falda que acaba de entrar al baño? Es nuestra oportunidad.
- No alcanzo a ver...
- Seguime. Vas a ver como se entusiasma.
- ¿Cómo sabes eso?
- Si le hubieras visto la cara habrías notado lo aburrida que está con su vida.
Dejó que se adelantara y miró con estupefacción lo que sucedió: tomó a la morena por la mano derecha, le apartó el pelo del rostro y la besó suavemente. Al rato, sus manos descendieron como un ave de presa hacia sus nalgas. Sus dedos, entre pierna y pierna, reptaban con la gracia de una segunda lengua. La morena, en respuesta, le acarició los senos y mientras lo hacía se dirigió a la otra mujer:
- Si amor, a lo mejor sí pienso lo mismo.
miércoles, 20 de septiembre de 2006
Unplugged
Escuché la voz de una mujer. Está oscuro. Me incorporo. Toco las sabanas; por su temperatura imagino que son blancas. No sé dónde estoy. Me levanto, voy tocando las paredes, siento un interruptor de luz. Lo enciendo pero todo sigue igual que antes. El bombillo debe estar fundido. Camino a tientas, me doy cuenta de que estoy desnudo. Me quedo quieto. El silencio es absoluto. Una corriente fría como reptil ha comenzado a subir por mi espalda. Sus movimientos dejan un rastro lento y baboso, como de eses (y heces) a medio trazar. He cerrado los ojos. Súbitamente el réptil se bifurca una y otra vez en muchos reptiles pequeños que suben raudos por mi cuello y por mi rostro, abro los ojos y en la cercanía alcanzo a distinguir dos manos negras que se apresuran a taparlos. La mujer que escuché al principio me susurra algo incomprensible al oido izquierdo. Una voz muy parecida, la misma tal vez, me dice algo en el derecho. Por entre los dedos se ha filtrado un destello blanco, una explosión lechosa; alcanzo a ver mi rostro de cuando era niño pero no por mucho tiempo: a él también le cubren los ojos. Las manos que cubrian los mios se debilitan y empiezan a escurrirse como agua negra por mi rostro. Tardo en comprender que ya no es un coma: es el punto final. Muero aferrado a las sabanas como quien se aferra a la vida.
lunes, 4 de septiembre de 2006
The Shadow of Your Smile
Fernán (16) y Juliana (15) estudian juntos en la secundaria. Toman el bus en la misma parada, mas nunca se saludan. Fernán siempre espera que Juliana tome el camión primero. Ella lo sabe, pero se hace la estúpida.
Daniel (27) y Marcela (24) hacen el amor desesperadamente. Se huelen, se besan, se tocan, se muerden, se prueban; se aseguran a cada segundo que siguen juntos. La oscuridad no les arrebatará los sueños. Quedaron ciegos el año pasado.
Rodrigo (36) engaña a su esposa (Mariana, 30) con Lorena (19) en su propio garaje. Como a todos los que leen Cosmopolitan o Maxim, les excita la posibilidad de ser descubiertos. Mariana debe estar por llegar, dice Rodrigo. Espérate a que llegue yo primero, responde Lorena. Sonrien.
Beatriz (63) sube llorando hasta la terraza (piso 10) del edificio donde vive. Le dice a Marco (71), su esposo, que la espere, que ya casi llega. Una vez en la terraza, Beatriz saca un pañuelo raido que Marco le regaló mucho tiempo atrás, hace un nudo, se venda los ojos y se lanza a la calle.
Fernán llora la partida de Juliana. Sabe que nunca se atreverá a decirle palabra alguna. Daniel y Marcela lloran: esperan un bebé al que no verán nunca. Rodrigo llora: Mariana nunca llegó (tampoco Lorena). Beatriz sonrie: a veces solo la muerte puede hacernos felices.
(Gracias, Lou Rawls).
Daniel (27) y Marcela (24) hacen el amor desesperadamente. Se huelen, se besan, se tocan, se muerden, se prueban; se aseguran a cada segundo que siguen juntos. La oscuridad no les arrebatará los sueños. Quedaron ciegos el año pasado.
Rodrigo (36) engaña a su esposa (Mariana, 30) con Lorena (19) en su propio garaje. Como a todos los que leen Cosmopolitan o Maxim, les excita la posibilidad de ser descubiertos. Mariana debe estar por llegar, dice Rodrigo. Espérate a que llegue yo primero, responde Lorena. Sonrien.
Beatriz (63) sube llorando hasta la terraza (piso 10) del edificio donde vive. Le dice a Marco (71), su esposo, que la espere, que ya casi llega. Una vez en la terraza, Beatriz saca un pañuelo raido que Marco le regaló mucho tiempo atrás, hace un nudo, se venda los ojos y se lanza a la calle.
Fernán llora la partida de Juliana. Sabe que nunca se atreverá a decirle palabra alguna. Daniel y Marcela lloran: esperan un bebé al que no verán nunca. Rodrigo llora: Mariana nunca llegó (tampoco Lorena). Beatriz sonrie: a veces solo la muerte puede hacernos felices.
(Gracias, Lou Rawls).
lunes, 24 de julio de 2006
Dime cómo te llamas y te diré cómo eres en la cama
Botina hizo lo impensado: se inscribió a un curso de culinaria. Ni bien saludó y la mujer que dirigia el curso le impartió su primera órden:
- Eh, joven, coja uno de esos cuchillos y pele esas papas.
Botina, obediente, procedió a hacer el ridículo con el noble tubérculo. Mientras se sacaba los ojos viendo cómo hacian las demás personas para realizar la misma tarea, notó que era el único varon en el lugar. Para hacer la aseveración todavía más contundente, cada miembro del curso llevaba una escarapela con su nombre. Botina examinó disimuladamente los nombres de sus compañeras y creyó haber encontrado en ellos algunas verdades asombrosas: "María del Mar", por ejemplo, es un polvo que debe saber a sal. "Ana" es un polvo chiquito, y como palíndromo que es, debe ser la misma cosa por delante que por detrás. "María José", ni hablar de esa criatura endemoniada: vas por las tetas de María y terminas agarrándole los testículos a José. "Soledad": cerda insaciable. Todo iba de maravilla hasta que recordó que su madre se llamaba Consuelo y, por supuesto, dejó de joder.
- Eh, joven, coja uno de esos cuchillos y pele esas papas.
Botina, obediente, procedió a hacer el ridículo con el noble tubérculo. Mientras se sacaba los ojos viendo cómo hacian las demás personas para realizar la misma tarea, notó que era el único varon en el lugar. Para hacer la aseveración todavía más contundente, cada miembro del curso llevaba una escarapela con su nombre. Botina examinó disimuladamente los nombres de sus compañeras y creyó haber encontrado en ellos algunas verdades asombrosas: "María del Mar", por ejemplo, es un polvo que debe saber a sal. "Ana" es un polvo chiquito, y como palíndromo que es, debe ser la misma cosa por delante que por detrás. "María José", ni hablar de esa criatura endemoniada: vas por las tetas de María y terminas agarrándole los testículos a José. "Soledad": cerda insaciable. Todo iba de maravilla hasta que recordó que su madre se llamaba Consuelo y, por supuesto, dejó de joder.
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