miércoles, 21 de octubre de 2009
jueves, 11 de junio de 2009
martes, 26 de mayo de 2009
Love is in the air
El amor está en el aire,
en el aire que entra a mis pulmones
y que gracias a un milagro,
a la gracia de un mago cuyo nombre desconocemos,
se convierte en sonido,
en música,
en tu nombre que se posa en en mi lengua como un ave sobre un cable de electricidad,
en tu nombre que sale de mis labios como sale el fuego de la boca de los dragones.
El amor está en el aire y voy a vos en caída libre.
en el aire que entra a mis pulmones
y que gracias a un milagro,
a la gracia de un mago cuyo nombre desconocemos,
se convierte en sonido,
en música,
en tu nombre que se posa en en mi lengua como un ave sobre un cable de electricidad,
en tu nombre que sale de mis labios como sale el fuego de la boca de los dragones.
El amor está en el aire y voy a vos en caída libre.
lunes, 9 de marzo de 2009
lunes, 13 de octubre de 2008
¿Piedra papel o tijera?
En la vida he tenido la oportunidad de relacionarme con mujeres muy bellas; cada una, discutiblemente, más bella que la anterior, como la naturaleza superándose a sí misma. No son tantas como el plural sugiere -tampoco es mi ego hablando- pero sí las suficientes para percibir ciertas cosas. (En realidad, para decir lo que quiero decir, una sola habría bastado).
Entre más me acercaba al corazón de estos seres me era más fácil distinguir a la diosa de la mujer, a lo eterno de lo mortal, a la piedra de la carne. Comprendí que su resplandor, al igual que el resplandor que emana del sol, oculta tras sí bastas turbulencias invisibles a los ojos de los hombres; explosiones de fuego retorcido, de sueños destrozados, de mil plegarias, mil lágrimas y mil gritos silenciosos: Su belleza -¿su recompensa, su condena?- era perversamente proporcional a su sufrimiento y tristeza interior.
Y camino por la calle y veo un árbol con sus hojas y sus ramas brotando matemáticamente del tronco, veo un ave extender sus alas perfectamente simétricas mientras sobrevuela la ciudad, veo flores, veo abejas, escucho una canción muy bella escrita por un artista suicida; en suma, veo tanta belleza y gracia a mi alrededor que no puedo evitar preguntarme qué inenarrable tragedia se esconderá detrás de la creación del Universo.
No sé si la vida sea una recompensa, una apuesta o una condena.
Entre más me acercaba al corazón de estos seres me era más fácil distinguir a la diosa de la mujer, a lo eterno de lo mortal, a la piedra de la carne. Comprendí que su resplandor, al igual que el resplandor que emana del sol, oculta tras sí bastas turbulencias invisibles a los ojos de los hombres; explosiones de fuego retorcido, de sueños destrozados, de mil plegarias, mil lágrimas y mil gritos silenciosos: Su belleza -¿su recompensa, su condena?- era perversamente proporcional a su sufrimiento y tristeza interior.
Y camino por la calle y veo un árbol con sus hojas y sus ramas brotando matemáticamente del tronco, veo un ave extender sus alas perfectamente simétricas mientras sobrevuela la ciudad, veo flores, veo abejas, escucho una canción muy bella escrita por un artista suicida; en suma, veo tanta belleza y gracia a mi alrededor que no puedo evitar preguntarme qué inenarrable tragedia se esconderá detrás de la creación del Universo.
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